+34 615 062 101- ¡ACUDÍMOS A DOMICILIO! -
ELANTKAN

TRABAJAR CON UN PERRO CIEGO

ELANTKAN
ELANTKAN

Como menciona el título, hablo de trabajar con un perro ciego, no de adiestrarlo o educarlo. Y hablo de un perro ciego y no de perros ciegos porque sólo he trabajado con uno hasta el momento. Esto quiere decir que mis conclusiones no pueden ser tomadas como una generalidad, por lo tanto, no son concluyentes ni definitivas. Es más, se pueden cuestionar en todo momento.
Digo esto porque, para trabajar con Simba, traté de documentarme ante mi inexperiencia en el trato de perros discapacitados, en este caso ceguera de nacimiento no recuperable. Para ello, entré en Internet y busqué los consejos de gente experta en el tema. Para mi asombro, gente que sólo ha tenido o tiene un perro ciego, se atreve a dar consejos conclusivos y categóricos. Trabajar con un perro ciego no te hace un experto en este tipo de perros. Aunque no dudo de su buena voluntad y de su ánimo desinteresado y altruista, la gente debe reflexionar sobre la conveniencia de dar este tipo de consejos de forma generalizada como una verdad incuestionable.
Si algo he aprendido como educador canino, es que ningún perro se parece a otro ni siquiera perteneciendo a una misma camada. Mucho menos si son de otras razas, generaciones etc…. Por lo tanto debemos hablar del trabajo que hemos realizado con un determinado animal con un determinado problema discapacitante. Nada más.
Y ¿Porqué digo trabajar y no educar o adiestrar? Por la misma razón, decir adiestrar o educar a un perro ciego puede inducir a pensar en trabajos generalizados con este tipo de perro y no es así. Por supuesto he educado a Simba a la vez que me divertía con él.
Puedo enumerar algunos de los consejos que os encontraréis en videos, comentarios o artículos encontrados en Internet. Estos pueden ser:
1. No mover los muebles de sitio a fin de que el perro memorice su entorno y pueda moverse con libertad.
2. No sobreprotegerlo.
3. Llevarlo siempre atado y por un mismo recorrido para que el perro reconozca dicho recorrido.
4. No cambiarle sus cacharros de agua y comida de lugar.
5. No cambiarle su cama de lugar.
6. Intentar que no se golpee con cosas o baje escaleras poniendo barreras.
7. Ponerle juguetes sonoros.
8. Ponerle arneses protectores para prevenir golpes.
9. Pasearlo por zonas de distinto tipo de suelo para que reconozca el recorrido.
10. Etc…
En fin, hay muchos más consejos cargados de buena intención, que yo no voy a cuestionar pero que difieren mucho de mi experiencia.
Simba.- Se trata de un cachorro ciego de nacimiento de 6 meses de edad, mestizo de labrador y PitBull. Su dueña, Sara, recurrió a Elantkan porque en los paseos se le para y se niega a andar y en casa rompe cosas.
Lo primero que me llamó la atención y me llegó hasta el fondo de mi corazón es su mirada. Lejos de ser una mirada vacía, sus ojos expresan incluso con más rotundidad, el estado de ánimo del animal y en su caso una emotividad, ilusión y ganas de conocer que no pueden dejar impasible a nadie. Su ternura es inmensa. Y todo el perro se corresponde con su forma de dirigir su cabeza y ojos hacia su interlocutor.

Lo segundo que me llamó la atención fue su falta de olfato. Después de un par de días trabajando con él “in situ”, Tanto Sara como yo llegamos a la conclusión de que aparte de la vista, Simba parecía tener muy limitado el sentido del olfato, algo que no parece lógico cuando por su limitación visual, lo normal es que todos los animales desarrollen más el resto de sentidos operativos.
Sacándolo a pasear y haciendo el recorrido al que Sara tiene acostumbrado a Simba, efectivamente, se paraba al intentar llevarlo atado.
Decidí probar a llevarlo casi suelto. Le até a su arnés una correa de 10 metros de largo y dejé que el perro, sin la presión que pudiera sentir por la escasa longitud de su correa normal, se moviera sólo estimulado por mi voz y la de Sara. El experimento me dio las pistas necesarias para poder solucionar el problema de sus paradas.
Al tener 6 meses, Simba no deja de ser un cachorro con las necesidades de un cachorro. El hecho de romper cosas en casa, se podía corresponder con hechos tan normales como que aún pudiera estar cambiando los dientes, no le gustara estar solo o simplemente necesitara más ejercicio y experimentar como cualquier otro perro, es decir, que se podría estar aburriendo.
Como Sara tenía que irse de viaje durante casi una semana, decidí quedarme al perro y llevármelo a mí centro. Allí estaría conviviendo con las 6 perras de mi manada y con nosotros mismos. Mi manada se compone de tres perras grandes y tres pequeñas, todas ellas adorables, sin ningún síntoma de agresividad y muy muy sociables. La primera en recibir al cachorro fue Canela, una labrador que ya es una ancianita adorable toda vez que tiene 13 años. Nada más verlo se pusieron a jugar como si de dos cachorros se tratara. El resto de la manada lo rodeó, olieron y le dieron la bienvenida sin más. Ripley, una cachorra de pastor alemán, adolescente ya, con 9 meses, se convirtió en la mejor amiga de Simba y desde ese momento fueron inseparables.
El plan de trabajo con Simba, consistía, en base a todos los consejos que había leído u oído en lo siguiente:
– Tratar de potenciar su olfato.
– Acostumbrarlo a llevarlo pegado a mi pierna mediante la orden Junto o Fuss sin tensión en la correa.
– Enseñarlo a subir y bajar escaleras.
– Mostrarle tipos de juguetes a los que se pudiera acostumbrar y morder en caso de aburrimiento.
– Acostumbrarlo a todo tipo de ruido por si estos fueran las causas por las que se para en los paseos.
No obstante, cuando llegó y fue recibido por la manada, me di cuenta de que sólo debería aplicar alguna de estas cosas.
Para el perro, el sitio, una parcela de 22000 metros cuadrados, era algo totalmente desconocido y posiblemente hasta peligroso dada su discapacidad visual.
La parte de mi vivienda se corresponde con un total de 3500 metros cuadrados, más que suficientes para que Simba se desenvolviera. Desde que llegó, la idea era que se integrara en la manada y en la familia humana, no tratarlo como un invitado al que adiestramos y metemos en su caseta.
Me sorprendió mucho su instinto. Pendientes como estábamos, tanto mi hijo Antonio como yo y el resto de la familia de él, ya desde el primer día nos dimos cuenta de su poder de adaptación.
Él no sabía dónde tenía que dormir, comer o por donde tenía que moverse. Sin embargo, costaba mucho decir que el animal era ciego. Jugaba, corría y sorteaba obstáculos como si viera con total claridad. Claramente pudimos comprobar que su sentido del olfato estaba plenamente desarrollado y su oído era sencillamente muy fino.
A partir de ahí le dimos plena libertad de movimientos. Sólo con el interés de jugar y estar al lado del resto de perras, aprendió a subir y bajar escalones. Al principio se lo pensaba. Luego los bajaba con total decisión.
Aprendió a moverse con soltura por superficies con diferentes firmes aceptando que puede haber varios tipos y que no pasa nada. Aprendió que hay un orden jerárquico que debía respetar a la hora de comer o recibir premios. A la orden se sentaba o tumbaba percibiendo que el resto hacía lo mismo.
Aprendió que la palabra NO, significaba que no podía hacer cosas. Por ejemplo acercarse a la piscina. Su sensibilidad no le permite recibir gritos o ademanes violentos. Ni falta que le hacen. Con corregirlo sólo un par de veces usando el No, fue más que suficiente para que supiera lo que queríamos de él.
Decidí darle absoluta libertad de movimientos y que fuera él y no nosotros los que gestionábamos sus emociones y decisiones. Aunque algún golpe se dio, estos fueron insignificantes y llamaba la atención como con infinidad de obstáculos por la parcela, coches, sillas, barbacoas, tendederos, porches, escaleras etc… se moviera por ella con total libertad e intuición. En algún momento lo llegamos a perder de vista y al buscarlo, descubrimos que siguiendo su olfato, sencillamente se había ido a las higueras que tenemos, bastante apartadas, a comer higos.
A la hora de comer, simplemente llamándolo acudía y esperaba a que le pusiéramos su bol con pienso para comer. Lo mismo pasaba con el agua y el hecho de dormir, simplemente lo hacía eligiendo con quien quería hacerlo esa noche. Conmigo, que duermo por el calor en el comedor en un sofá, se tumbaba a mis pies sin que lo tuviera que llamar yo. Y si era con mi hijo se acostaba en su colchón y no se levantaba hasta que lo hiciéramos nosotros. Ambas dependencias estás bastante apartadas y no forman parte del mismo edificio, pero él se adaptó con sorprendente rapidez a los espacios y lugares.
Por supuesto con semejante compañía, mis 6 perras, Simba ya no tenía ganas de romper nada, se acostaba satisfecho y tranquilo y aprendió a ser paciente.
Cuando llegó el momento de devolvérselo a Sara, le correspondía a esta, según mis indicaciones, acabar de formar al cachorro y darle lo que necesita. Hasta este momento Sara me ha confesado que ahora deja todo abierto en casa y que Simba ya no rompe nada. Aún se para en los paseos pero con una visita mía Sara ha aprendido como llevarlo para que esto no suceda. Aun así, seguimos en contacto para acabar de formar al perro.
Mi conclusión, (no todo el mundo tiene el espacio que tengo yo) es que Simba ha aprendido sin ningún tópico que lo pueda atar o condicionar, a gestionar él sus emociones, que quiere arriesgar y que no. Necesita sentirse seguro y por eso la labor de Sara consiste en que así se sienta. El respeto y la confianza mutua son importantes a la hora de que Simba se desarrolle dentro de la mayor de las normalidades. Confía en su ama y eso es lo importante.
El acostumbrar a una serie de hábitos al perro puede hacer que este se sienta más inseguro o no tenga la necesidad de desarrollar otros sentidos que lo ayuden a su formación y desarrollo. Simba, parecía no tener desarrollado su olfato toda vez que siempre hacía el mismo recorrido y los olores son prácticamente los mismos por lo que no tenía necesidad de usarlo.

AC.

Share with

Start typing and press Enter to search

Shopping Cart

No hay productos en el carrito.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad
¿Necesitas ayuda?